El hombre es un mamífero del orden
de los primates, cuyos miembros se caracterizan por una gran cavidad craneal,
un cerebro relativamente desarrollado, articulaciones anteriores adaptadas a la
presión y con extremidades dotadas de dedos con uñas aplanadas, dentadura
omnívora y mamas pectorales. En una escala evolutiva ascendente (25) este orden
comprende a los prosimios, los monos del viejo y nueva mundo y los hominoides.
El paso del animal al hombre, el
llamado proceso de hominización, comienza durante el Mioceno, penúltima época
del Terciario y se desenvuelve en un período, de al menos quinientos mil años,
a través de una cadena de quince mil generaciones. A esta fase sucede otra, bastante
más breve, entre el plioceno tardío y el pleistoceno más reciente, que lleva,
en un tiempo de dos millones de años como mínimo y seis millones de años como
máximo desde las primeras formas humanas conocidas, hasta el hombre actual.
El pleistoceno, iniciado hace dos
o quizá tres millones de años y terminado hace alrededor de doce mil años, se
caracterizó por cambios climáticos profundos que influyeron enormemente en la
evolución humana. Hace un millón o millón y medio de años la tempera-tura
disminuyó unos 5 grados, pero no en una progresión continua, sino a un ritmo
cíclico, caracterizado por la alternancia de largos, aunque desiguales,
períodos fríos y cálidos. Esta inestabilidad climática modificó repetidamente
el aspecto del planeta, cambiando varias veces la distribución de los mares y
de las tierras emergidas, de los glaciares y los desiertos, de los bosques y
sabanas.
Los homínidos vivieron estos
profundos cataclismos. Aunque ningún individuo podía darse cuenta,
naturalmente, de fenómenos que sólo podían apreciarse a una escala de muchos
miles de años, la estirpe dio una respuesta precisa al reiterado desafío
ambiental; fue en parte biológica y en Parte cultural, permitiendo al hombre no
sólo sobrevivir, sino convertirse en la forma de vida animal que actualmente
domina a nuestro planeta.
Los primeros Homínidos se
remontan a más de dos millones de años. Desde entonces la evolución homínida ha
alcanzado tres grados principales: 1) australopitecótico (o del homo habilis);
2) pitecantrópico (o del homo erectus); 3) propiamente humano (o del homo
sapiens). En el último grado, el del homo sapiens, se sucedieron las formas
paleantrópicas (o del homo sapiens prirnigenlus, la mas conocida de las cuales
es el llamado hombre Neanderthal, y las formas neantrópicas (o del homo sapiens
sapiens).
Los australopitecus representan
el grado más antiguo de le evolución homínida. Los fósiles de los
australopitecus se han clasificado en dos especies distintas: el
Australopithecus gracilis y el del Australopithecus robustus. Difieren en
estatura, corpulencia y estructura ósea. La especie robusta se habría
extinguido hace como un millón de años, sin dejar descendientes directos, tal
vez exterminada (sostienen algunos estudiosos) por la especie más grácil, la
única capaz de forjar instrumentos rudimentarios que han sido hallados junto a
algunos restos esqueléticos. Esta última especie continúa la línea de la
evolución humana, quizá con aportes directos al Homo Sapiens.
Los pitecantropos representan la
segunda gran etapa de la evolución homínida, caracterizada sobre todo por el
crecimiento del cerebro, que en el curso de un millón de años duplicó su
tamaño. Caminaban casi perfectamente erguidos (su fémur es casi idéntico al del
hombre actual) y por eso, en las clasificaciones recientes, se le ha dado el
nombre de Homo erectus, que en otros aspectos es inadecuado ya que no existen
especies humanas no erectas y no fueron ellos los primeros homínidos de
posición vertical.
Hicieron instrumentos de madera al fuego,
endureciendo sus puntas con el calor. La cocción, macerando las duras fibras de
la carne y de las raíces, le proporcionó un alimento más fácil de masticar e
hizo posible una reducción de las mandíbulas y los dientes, a favor de un
ulterior desarrollo de la cavidad craneal. Al liberar aminoácidos y glúcidos fácilmente
asimilables, redujo también notablemente el tiempo necesario para comer y para
digerir. El hombre consiguió así muchas horas extras para dedicar a la caza, a
la preparación de los instrumentos, al adiestramiento de los hijos.
El pitecantropo es el creador de
las industrias típicas del paleolítico inferior, las manufacturas,
generalmente de sílice, se multiplican y se diversifican y aparecen punzones,
perforadores, rascadores y decenas de otros utensilios.
Probablemente el pitecantropo
vivía al aire libre, en las riberas de los lagos y ríos, o en grutas como el
hombre de Pekín, en grupos de 10 -12 personas. Aparecen también las primeras
cabañas, capaces de acoger una veintena de individuos. No hay duda que su actividad
principal fue la caza, particularmente la de animales de tamaño medio y grande,
y que organizaba batidas que requerían la cooperación de alunas decenas de hombres.
La última gran etapa de la
evolución homínida está constituida por la formación y el desarrollo del homo
sapiens, estos es, del género al que pertenece el hombre actual.
La aparición y el asentamiento
del homo sapiens coincide, al menos en Europa con uno de los grandes cambios
climáticos que caracterizaron el pleistoceno: cuando la glaciación rissiana
(hace unos 25.000 años) reporta al continente condiciones de clima frío y
húmedo.
Para algunos estudiosos esta
transformación se habría producido en un único centro. Para otros se habría
verificado en centros distintos y tiempos distintos.
Entre los fósiles de este grupo,
los encontrados en Ehringsdorf y Stenheim (Alemania), así como en Saccopastore
(Italia) presentan formas que parecen prefigurar las del hombre de Neanderthal,
y por ello se han atribuido a preneanderthalenses.
Los paleantropos presentan aún
rasgos primitivos estatura entre 1,54 y 1,64 metros, cabeza voluminosa con la
región facial relativamente más desarrollada que la cerebral, frente baja,
grandes arcos superficiales unidos hasta formar una especie de víscera ósea continua,
mandíbula grande y fuerte, mentón poco saliente.
La capacidad craneal en las
formas más antiguas, se caracterizan por unas medidas inferiores a las del
hombre actual, pero las formas más recientes, corzo el Homo Sapiens
Neanderthalensis (King, 1964) las alcanzan e incluso superan.
La capacidad craneal de estas últimas
está comprendida entre los 1.300 y 1.650 centl:rnetros cúbicos, con una media
de alrededor de 1.350 centimeLros cúbicos.
El Neanderthalense forjaba una
gran variedad de utensilios en piedra pulimentada, dando prueba esta actividad
de un adecuado sentido estético. Vivían en grutas y en refugios bajo roca o en
campo: abiertos, defendiéndose del frío con el fuego y con las piales ce los
animales que cazaba. Sepultaba a sus muertos y tenía ya quizá su fe en una vida
ultra terrena y/o su sentimiento religioso.
El hombre de Neanderthal se
extinguió en el último culmen de la glaciación würmiana, cediendo el puesto al
hombre moderno, física-mente más adaptable y probablemente también mejor dotado
desde el punto de vista intelectual y cultural.
Los Neantropos, que corresponden
al tipo morfológico del hombre actual, se diferencian notablemente de los
neanderthalenses. Sus características principales son el cráneo alto, largo y
estrecho adaptado a un cerebro voluminoso, la frente alta, el rostro poco
pronunciado, los arcos superficiales poco marcados, el mentón saliente, las
mandíbulas menos fuertes, los dientes pequeños, los huesos de las
articulaciones derechos y poco gruesos. Su columna vertebral está adaptada a la
posición erguida y a ninguna otra.
Representantes de estos grupos
son los llamados: La raza de Combecapelle, Cromangnon, Grimaldi, Chancelade y
la raza de Brünn.
El hombre moderno, sea cual fuere
su origen, se fue imponiendo después de haber emigrado a Europa, y desde aquí
se extendió por toda la tierra, absorbiendo otras poblaciones que habían
iniciado un tránsito autónomo del Homo Erectus al homo Sapiens o cruzándose con
ellas.
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