jueves, 15 de enero de 2015

GUIA PRACTICA PARA CASOS DE SALVATAJE Y/O ARQUEOLOGIA DE RESCATE



Introducción

El investigador-arqueólogo que estudia un yacimiento o un descubrimiento casual, tienela imperiosa necesidad de aprender, el mismo, a manejar  técnicas  mínimas para sacar provecho de un determinado estudio arqueológico o de una prospección de terreno, con fines de investigación.

En los países que cuentan con  Museos de alto prestigio y  con un variado personal capacitado en diversas especialidades de estudio y conservación de los materiales, normalmente la tarea de reconstituir las piezas halladas en una excavación o en una operación de urgente salvamento, debería ser propia y particular de un museólogo o restaurador especializado, dotado de una formación técnica específica en este campo, es el procedimiento obvio y natural que se sigue.  Pero  la pobreza y penuria de la mayor parte de nuestros Museos Regionales  o locales, de la que somos conscientes,  impone  que el arqueólogo maneje o conozca los diferentes procedimientos.

RECOLECCIÓN DE MATERIAL ARQUEOLÓGICO

¿Cómo sé yo qué recoger y conservar cuando me encuentro con un gran número de fragmentos dispersos en el suelo?

Estudiemos bien  los casos: en un viaje de prospección  o inspección preliminar a un sitio arqueológico encontramos, en ocasiones muchísimos fragmentos en superficie- pueden ser miles- al recogerlos se debe tener cuidado, observando si son trozos aislados o parte de una vasija que esté fragmentada en el sitio, ya que al recoger trozos cerámicos o líticos en forma sumamente selectiva (fragmentos de boca y cuello, cuello, asas o base),  puede suceder que el resto (del cuerpo de la vasija)   quede disperso y abandonado y, por cierto, mutilado para siempre sino señalan con exactitud el sitio donde se localizó el material.  Actualmente gracias al GPS  podemos señalar las coordenadas con precisión casi matemática  y un mínimo rango de error, conservándose así el lugar exacto del hallazgo, logrando regresar exactamente al mismo lugar en busca de más evidencias o para confirmar  hipótesis o para  recabar otro tipo de información  del lugar, si es necesario.  (v. gr. de tipo eco-antropológico). .

El arqueólogo que excava un yacimientorecoge con cuidado, sirviéndose de harneros finos de distinto diámetro de malla, todos los  restos culturales sean éstos cerámicos, biológicos u osteológicos o de otra índole, los que luego, en laboratorio, someterá a examen minucioso. Puede así, llegar a colectar miles de fragmentos cerámicos, miles de elementos osteológicos o biológicos. Pero no es éste el  caso que se está tratando, ya que estas situaciones forman parte de  una  metodología arqueológica fina de excavación y sólo los arqueólogos titulados están autorizados a  excavar yacimientos y a levantar todos sus elementos culturales. Aquí, se pretende enseñar una guía práctica  de cómo proceder en casos extremos,  de salvamento urgente, cuando hayamos algo por casualidad que corre peligro de ser  destruido o saqueado.  



Los hallazgos casuales en sitios  expuestos al saqueo o robo.

En numerosas ocasiones, es posible tropezar con  hallazgos cerámicos casuales, fruto del azar, como: un trabajo en un campo de cultivo, en  una  carretera  en construcción  o en el patio de una casa,  el súbito desmoronamiento de un muro o un talud por efecto de un temblor o terremoto,  el caso de un aluvión que ha dejado paredes de quebradas  expuestas  y desnudas (El Ceibal)o simplemente, cuando avistamos algo que nos parece de gran importancia con ocasión de una visita o prospección.  Muchas veces el trabajo o faena que allí se realiza, por variadas razones, no se puede o no se quiere interrumpir. ¿Qué hacer? Aquí interviene  lo que se llama una "arqueología de salvamento o de salvataje".(En Venezuela la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio cultural  en su Art. 37/38/43, se refiere a este caso y para el Táchira en particular existe el decreto n° 132.Art.7. Aparte 3 (24/11/1980) que contempla estas situaciones).

Si en una faena o trabajo aparece de súbito un entierro,  un grupo de vasijas, o  un montón de monedas antiguas, debería(de acuerdo a la Ley oal Decreto regional, citado anteriormente), llamarse de inmediato a las autoridades, detener el proceso, custodiar el lugar  y esperar que se resuelva acorde con las normativas legales vigentes, sobre todo cuando allí aparecen restos humanos. Esta situación ideal que la Ley contempla, pocas veces se da por diferentes razones: a) porque no hay forma de llamar o lograr que las autoridades den la importancia al caso e intervengan,b) por lo aislado del lugar, o porque  los dueños del sitio se niegan a detener la obra, c) porque existe el riesgo de que los operarios o curiosos se roben las piezas, d)  por otras múltiples razones.  Y, sin embargo,  hay que actuar. ¿Qué hacer? ¿Adoptar la política del  avestruz y decir: "mejor me desentiendo", o actuar? Creemos que hay una respuesta obvia:se salva y se resguarda lo encontrado o se perderá para siempre. Nos preguntamos: ¿qué es mejor para el desarrollo de la ciencia arqueológica? La respuesta parece evidente: salvar  el objeto para evitar su desaparición para siempre. Pero, a la vez,  hay que saber exactamente  cómo proceder en tales casos porque existe todo un protocolo para ello, por tal motivo se propone esta "Guía Práctica"  para casos de salvataje  o salvamento de urgencia:

1.  Observe con cuidado los restos cerámicos de especial interés que están a la vista. Si son escasos y no  permiten reconstruir parte importante de una vasija, no los recoja, déjelos en su lugar,  tome fotos  y coordenadas con el GPS,  usando una escala gráfica,  e indique en forma concisa  en su Libreta  de Campo  los detalles del hallazgo. No se confíe nunca de la sola fotografía ya que ésta puede fallar.

2.  Si hay abundancia de  restos cerámicos juntos, en cambio,  y tras un rápido examen se llega al convencimiento de que pertenecen a una misma vasija  (por el color de la pasta, grosor del fragmento,  tipo de superficie, características del engobe o tipo o color de  su decoración),  la primera e imprescindible medida es fotografiar el hallazgo in situ,tal como se presenta, poniendo a la vista una escala gráfica que permita  apreciar el tamaño de los trozos o fragmentos  y, finalmente,  tomar las coordenadas con un GPS.

3.  Lo segundo, es recoger cuidadosamente en una bolsa plástica todos los fragmentos que suponemos son parte de una misma vasija, incluso los más pequeños. Para esto conviene  revisar bien los alrededores inmediatos, hasta  cerciorarse de que no hay más porque a veces se puede hallar trozos de la misma vasija a  una distancia de varios metros. Por lo cual es preciso escudriñar bien los alrededores. No pocas veces, algunos  permanecen semi-enterrados. Para ello, conviene cavar con los dedos o, mucho mejor,  con un  pequeño rastrillo de mano (de jardín) hurgando en el lugar  hasta una cierta profundidad, en busca de otros trozos que hayan sido ocultados por la arena, como resultado del inevitable arrastre eólico (mejor aún si utiliza un harnero de malla fina).

4.  Dibuje, en lo posible,  un breve croquis de campo para asegurar la posición del hallazgo, sobre todo si está asociado a otros elementos.

RESTAURACIÓN DE CERÁMICA

1. Una vez en la casa o laboratorio, viene  el proceso de lavado cuidadoso de los fragmentos, seguido de un cepillado que permita  extraer finas partículas de polvo o arena adheridas. Luego de lavar, dejar secar  por un tiempo prudente. (Antes pruebe con un tiesto pequeño porque a veces la cerámica tiene color o está decorada con pintura y al lavarla tiende a caerse, si la misma fue pintada o decorada después de la cocción)

2. Sigue ahora el proceso de  poner a la vista, en una mesa de trabajo, sobre un paño o una hoja de periódico,  todos los fragmentos hallados, separándolos en grupos  por  sus formas: trozos de boca, trozos de base, trozos de cuerpo, asas, etc.(No trate de suavizar los bordes, ni limar o quitar el filoque quede, así sea muy punzante).

3. Para el paso siguiente, es decir, la tarea de  unir los fragmentos que calcen, se  necesita  tener a la mano un pegamento adecuado y un  plato  grande o ponchera  con abundante arena. Este último, para depositar, fijándolos en la arena, los trozos recién pegados. El pegamento que recomendamos es lo que en Chile conocemos con el nombre de  "cola fría", material que se adquiere en ferreterías o librerías, y que se suele usar con frecuencia entre los escolares para pegar maderas, cerámica, loza, cartón o papel. No use ni Neoprén por su gran toxicidad  ni ciertos compuestos como "la gotita" , elemento que viene en pequeños potes; material que si bien pega muy  bien, es demasiado rápido en el pegado y tiene el  grave inconveniente de que cualquier mínima porción se adhiere tan firmemente a los dedos,  que cuesta mucho separarlos. Usando, pues, "cola fría" como aglutinante, se tiene la enorme ventaja de poder limpiar, incluso con los mismos dedos,  el exceso de pasta sobrante, en las superficies recién pegadas,  sin mayor problema pues al lavarse las manos este pegamento se disuelve al agua.

4. La tarea de buscar el calce exacto entre fragmentos, requiere de cierta habilidad y experiencia y, sobre todo, de mucha paciencia. Se debe separar los fragmentos por su aspecto (bordes, base, cuerpo), su  grosor, el aspecto y color de la pasta, buscando su afinidad. Recomendamos iniciar el pegado con los fragmentos de base (fácilmente reconocibles  por ser más gruesos y planos o, por contrario, totalmente convexos, según el caso), o con los fragmentos de boca (fáciles de identificar por el borde bien terminado y definido).

5. Si vemos que dos fragmentos calzan perfectamente entre sí,  agregue una pequeña cantidad de  pegamento a ambas superficies de contacto, untándolas en toda su extensión de calce, en seguida  únalos y apriete fuertemente uno contra el otro, por algunos segundos, para lograr una total adherencia. Luego, con el debido cuidado,  limpie del exceso de pegamento la superficie y entierre levemente los trozos  recién pegados,  parados,   en  el plato o ponchera de arena fina dispuesto para tal fin, de modo que quede firme y seguro. La arena permite fijarlos en la forma que mejor nos plazca, para un mejor pegado, cuidando solamente que las superficies recién pegadas no lleguen a tomar  contacto directo con la arena. Ahí se les deja por espacio de  una hora o más,  hasta que  se adhieran perfectamente. Si se deja la ponchera con las piezas recién pegadas a pleno sol, el  proceso del pegado  es mucho más rápido.

6. De fundamental importancia es verificar bien antes de recoger y levantar los fragmentos, el estado de  los bordes: si éstos están muy erosionados, el calce se dificultará  notoriamente. Y será  muy difícil llegar a buen puerto con la reconstitución de la vasija o ceramio.

7. Cuando existe decoración o pintura, se busca más fácilmente el calce siguiendo las figuras de los diseños. La existencia de decoración o pintura a colores (con diseños o figuras)  facilita muchísimo la tarea del pegado.

8. Va a llegar un momento en que tiene ya parte de la boca y parte de la base de la vasija bien pegada e instalada en la superficie del pote con arena.  Aquí viene el paciente esfuerzo por  buscar el calce perfecto del resto de los fragmentos.

9. Hay que ensayar muchas veces, aproximando una y otra vez  los fragmentos entre sí en busca de calce.  El grosor de éstos y el tipo de pasta (ennegrecida  o rojiza,  con tal o cual tipo de antiplástico: v.gr. con  presencia de mica, cuarzo blanco o biotita, etc.) le  sugerirá  el "parentesco" o relación  existente entre dos fragmentos. Si son idénticos en este aspecto, la posibilidad de calce  crece notoriamente.

10.  Por lo general,  las paredes de la  porción superior de la vasija, cercanos a la boca o cuello,  presentan un grosor generalmente menor que la parte que se acerca al fondo o sea, a la base de la vasija.  Normalmente, en la base y sus proximidades, se presenta el grosor máximo de la pared en todo ceramio.  La observación  atenta de la curvatura de los fragmentos, también es indicadora de  la parte de la vasija  a que corresponde: v.gr. cuello, panza o base.

11.  En la ponchera con arena, se van colocando los diversos fragmentos una vez  unidos. Luego se busca con paciencia, el calce perfecto entre éstos, aproximándolos  desde todos los ángulos. Trabajo que requiere de dedicación y tiempo y  que  generalmente termina en el éxito, siempre y cuando se cuente con  un suficiente número de fragmentos de la pieza respectiva.

12.  Disponiendo de parte de la boca, del cuerpo y de la base, generalmente se logra el calce  parcial de fragmentos cada vez mayores, de  modo que va apareciendo poco a poco  la forma final de la vasija. Cantidades superiores a  los 50-60 fragmentos, generalmente nos auguran  el éxito en la  faena de la reconstitución de una vasija pequeña. Cantidades inferiores a los  10-15 fragmentos, nos dejarán casi siempre en gran incertidumbre,  pues  gran parte de la vasija quedará sin reconstruir, a no ser que se trate de fragmentos de gran tamaño.

13. Esta tarea, dependiendo del tamaño de la vasija o ceramio, puede llevar horas de laborioso trabajo. Por lo demás, sirve de descanso y distracción  a la mente, ocupada en el estudio o en la investigación. Es lo que nos ha ocurrido a nosotros, entretenidos en esta tarea  por horas y horas, hemos disfrutado muchísimo al descubrir formas y diseños nuevos, no discernibles al comienzo del proceso de restauración. La contribución a la ciencia de este tipo de labor es, por lo demás,  indudable.

14. El proceso termina cuando se identifica los fragmentos, indicando lugar, fecha y descubridor. Nuestra costumbre  es poner cada objeto así reconstruido dentro de una bolsa  plástica con cierre hermético (tipo ziplock), para evitar  la desaparición de la leyenda escrita. La leyenda debe ir pegada dentro de la bolsa y ésta, perfectamente cerrada. No debe olvidarse que existen pequeños insectos ápteros (llamados por nosotros  "pececillos dorados") expertos en devorar el  papel   y/o  la tinta (Orden Thysanura). Una leyenda dejada al descubierto, puede  así desaparecer por completo, al cabo de poco tiempo, devorada por estos voraces insectos primitivos.



BIBLIOGRAFÍA:

Tomado de ponencia del Dr. Horacio Larrain Barros (2013).

Adaptación realizada por la DraAntrp. Reina Durán (2015) para Comunidad de Aprendizaje de Arqueología de la Universidad politécnica Territorial de Mérida “KleverRámirez”

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