Introducción
El
investigador-arqueólogo que estudia un yacimiento o un descubrimiento casual,
tienela imperiosa necesidad de aprender, el mismo, a manejar técnicas
mínimas para sacar provecho de un determinado estudio arqueológico o de
una prospección de terreno, con fines de investigación.
En
los países que cuentan con Museos de
alto prestigio y con un variado personal
capacitado en diversas especialidades de estudio y conservación de los
materiales, normalmente la tarea de reconstituir las piezas halladas en una
excavación o en una operación de urgente salvamento, debería ser propia y
particular de un museólogo o restaurador especializado, dotado de una formación
técnica específica en este campo, es el procedimiento obvio y natural que se
sigue. Pero la pobreza y penuria de la mayor parte de
nuestros Museos Regionales o locales, de
la que somos conscientes, impone que el arqueólogo maneje o conozca los
diferentes procedimientos.
RECOLECCIÓN DE MATERIAL ARQUEOLÓGICO
¿Cómo
sé yo qué recoger y conservar cuando me encuentro con un gran número de fragmentos
dispersos en el suelo?
Estudiemos
bien los casos: en un viaje de
prospección o inspección preliminar a un
sitio arqueológico encontramos, en ocasiones muchísimos fragmentos en superficie-
pueden ser miles- al recogerlos se debe tener cuidado, observando si son trozos
aislados o parte de una vasija que esté fragmentada en el sitio, ya que al
recoger trozos cerámicos o líticos en forma sumamente selectiva (fragmentos de
boca y cuello, cuello, asas o base), puede suceder que el resto (del cuerpo de la
vasija) quede disperso y abandonado y,
por cierto, mutilado para siempre sino señalan con exactitud el sitio donde se
localizó el material. Actualmente
gracias al GPS podemos señalar las
coordenadas con precisión casi matemática
y un mínimo rango de error, conservándose así el lugar exacto del
hallazgo, logrando regresar exactamente al mismo lugar en busca de más
evidencias o para confirmar hipótesis o
para recabar otro tipo de
información del lugar, si es necesario. (v. gr. de tipo eco-antropológico). .
El
arqueólogo que excava un yacimientorecoge con cuidado, sirviéndose de harneros
finos de distinto diámetro de malla, todos los
restos culturales sean éstos cerámicos, biológicos u osteológicos o de
otra índole, los que luego, en laboratorio, someterá a examen minucioso. Puede
así, llegar a colectar miles de fragmentos cerámicos, miles de elementos
osteológicos o biológicos. Pero no es éste el caso que se está tratando, ya que estas
situaciones forman parte de una metodología arqueológica fina de excavación y
sólo los arqueólogos titulados están autorizados a excavar yacimientos y a levantar todos sus
elementos culturales. Aquí, se pretende enseñar una guía práctica de cómo
proceder en casos extremos, de
salvamento urgente, cuando hayamos algo por casualidad que corre peligro de
ser destruido o saqueado.
Los hallazgos casuales en sitios expuestos al saqueo o robo.
En
numerosas ocasiones, es posible tropezar con
hallazgos cerámicos casuales, fruto del azar, como: un trabajo en un
campo de cultivo, en una carretera
en construcción o en el patio de
una casa, el súbito desmoronamiento de
un muro o un talud por efecto de un temblor o terremoto, el caso de un aluvión que ha dejado paredes de
quebradas expuestas y desnudas (El Ceibal)o simplemente, cuando
avistamos algo que nos parece de gran importancia con ocasión de una visita o
prospección. Muchas veces el trabajo o
faena que allí se realiza, por variadas razones, no se puede o no se quiere
interrumpir. ¿Qué hacer? Aquí interviene
lo que se llama una "arqueología de salvamento o de
salvataje".(En Venezuela la Ley de
Protección y Defensa del Patrimonio cultural
en su Art. 37/38/43, se refiere a este caso y para el Táchira en
particular existe el decreto n° 132.Art.7. Aparte 3 (24/11/1980)
que contempla estas situaciones).
Si en
una faena o trabajo aparece de súbito un entierro, un grupo de vasijas, o un montón de monedas antiguas, debería(de acuerdo a la Ley oal Decreto regional,
citado anteriormente), llamarse de inmediato a las autoridades, detener el
proceso, custodiar el lugar y esperar que
se resuelva acorde con las normativas legales vigentes, sobre todo cuando allí
aparecen restos humanos. Esta situación ideal que la Ley contempla, pocas veces
se da por diferentes razones: a) porque no hay forma de llamar o lograr que las
autoridades den la importancia al caso e intervengan,b) por lo aislado del
lugar, o porque los dueños del sitio se
niegan a detener la obra, c) porque existe el riesgo de que los operarios o
curiosos se roben las piezas, d) por
otras múltiples razones. Y, sin
embargo, hay que actuar. ¿Qué hacer? ¿Adoptar la política del avestruz y decir: "mejor me
desentiendo", o actuar? Creemos que hay una respuesta obvia:se salva y se resguarda lo encontrado o se
perderá para siempre. Nos preguntamos: ¿qué es mejor para el desarrollo de
la ciencia arqueológica? La respuesta parece evidente: salvar el objeto para evitar su desaparición para
siempre. Pero, a la vez, hay que saber
exactamente cómo proceder en tales casos
porque existe todo un protocolo para ello, por tal motivo se propone esta "Guía Práctica" para casos de salvataje o salvamento de urgencia:
1. Observe con cuidado los restos cerámicos de
especial interés que están a la vista. Si son escasos y no permiten reconstruir parte importante de una
vasija, no los recoja, déjelos en su lugar,
tome fotos y coordenadas con el
GPS, usando una escala gráfica, e indique en forma concisa en su Libreta
de Campo los detalles del
hallazgo. No se confíe nunca de la sola fotografía ya que ésta puede fallar.
2. Si hay abundancia de restos cerámicos juntos, en cambio, y tras un rápido examen se llega al
convencimiento de que pertenecen a una misma vasija (por el color de la pasta, grosor del
fragmento, tipo de superficie,
características del engobe o tipo o color de
su decoración), la primera e
imprescindible medida es fotografiar el hallazgo in situ,tal como se presenta,
poniendo a la vista una escala gráfica que permita apreciar el tamaño de los trozos o
fragmentos y, finalmente, tomar las coordenadas con un GPS.
3. Lo segundo, es recoger cuidadosamente en una
bolsa plástica todos los fragmentos que suponemos son parte de una misma
vasija, incluso los más pequeños. Para esto conviene revisar bien los alrededores inmediatos,
hasta cerciorarse de que no hay más
porque a veces se puede hallar trozos de la misma vasija a una distancia de varios metros. Por lo cual
es preciso escudriñar bien los alrededores. No pocas veces, algunos permanecen semi-enterrados. Para ello, conviene
cavar con los dedos o, mucho mejor, con
un pequeño rastrillo de mano (de jardín)
hurgando en el lugar hasta una cierta
profundidad, en busca de otros trozos que hayan sido ocultados por la arena,
como resultado del inevitable arrastre eólico (mejor aún si utiliza un harnero
de malla fina).
4. Dibuje, en lo posible, un breve croquis de campo para asegurar la
posición del hallazgo, sobre todo si está asociado a otros elementos.
RESTAURACIÓN DE CERÁMICA
1. Una
vez en la casa o laboratorio, viene el
proceso de lavado cuidadoso de los fragmentos, seguido de un cepillado que
permita extraer finas partículas de
polvo o arena adheridas. Luego de lavar, dejar secar por un tiempo prudente. (Antes pruebe con un tiesto pequeño porque a veces la cerámica tiene
color o está decorada con pintura y al lavarla tiende a caerse, si la misma fue
pintada o decorada después de la cocción)
2.
Sigue ahora el proceso de poner a la
vista, en una mesa de trabajo, sobre un paño o una hoja de periódico, todos los fragmentos hallados, separándolos
en grupos por sus formas: trozos de boca, trozos de base,
trozos de cuerpo, asas, etc.(No trate de
suavizar los bordes, ni limar o quitar el filoque quede, así sea muy punzante).
3. Para
el paso siguiente, es decir, la tarea de
unir los fragmentos que calcen, se
necesita tener a la mano un
pegamento adecuado y un plato grande o ponchera con abundante arena. Este último, para
depositar, fijándolos en la arena, los trozos recién pegados. El pegamento que
recomendamos es lo que en Chile conocemos con el nombre de "cola fría", material que se
adquiere en ferreterías o librerías, y que se suele usar con frecuencia entre
los escolares para pegar maderas, cerámica, loza, cartón o papel. No use ni
Neoprén por su gran toxicidad ni ciertos
compuestos como "la gotita" , elemento que viene en pequeños potes;
material que si bien pega muy bien, es
demasiado rápido en el pegado y tiene el
grave inconveniente de que cualquier mínima porción se adhiere tan
firmemente a los dedos, que cuesta mucho
separarlos. Usando, pues, "cola fría" como aglutinante, se tiene la
enorme ventaja de poder limpiar, incluso con los mismos dedos, el exceso de pasta sobrante, en las
superficies recién pegadas, sin mayor
problema pues al lavarse las manos este pegamento se disuelve al agua.
4. La
tarea de buscar el calce exacto entre fragmentos, requiere de cierta habilidad
y experiencia y, sobre todo, de mucha paciencia. Se debe separar los fragmentos
por su aspecto (bordes, base, cuerpo), su
grosor, el aspecto y color de la pasta, buscando su afinidad.
Recomendamos iniciar el pegado con los fragmentos de base (fácilmente
reconocibles por ser más gruesos y
planos o, por contrario, totalmente convexos, según el caso), o con los
fragmentos de boca (fáciles de identificar por el borde bien terminado y
definido).
5. Si
vemos que dos fragmentos calzan perfectamente entre sí, agregue una pequeña cantidad de pegamento a ambas superficies de contacto,
untándolas en toda su extensión de calce, en seguida únalos y apriete fuertemente uno contra el
otro, por algunos segundos, para lograr una total adherencia. Luego, con el
debido cuidado, limpie del exceso de
pegamento la superficie y entierre levemente los trozos recién pegados, parados,
en el plato o ponchera de arena
fina dispuesto para tal fin, de modo que quede firme y seguro. La arena permite
fijarlos en la forma que mejor nos plazca, para un mejor pegado, cuidando
solamente que las superficies recién pegadas no lleguen a tomar contacto directo con la arena. Ahí se les
deja por espacio de una hora o más, hasta que
se adhieran perfectamente. Si se deja la ponchera con las piezas recién
pegadas a pleno sol, el proceso del
pegado es mucho más rápido.
6. De
fundamental importancia es verificar bien antes de recoger y levantar los
fragmentos, el estado de los bordes: si
éstos están muy erosionados, el calce se dificultará notoriamente. Y será muy difícil llegar a buen puerto con la
reconstitución de la vasija o ceramio.
7.
Cuando existe decoración o pintura, se busca más fácilmente el calce siguiendo
las figuras de los diseños. La existencia de decoración o pintura a colores
(con diseños o figuras) facilita
muchísimo la tarea del pegado.
8. Va
a llegar un momento en que tiene ya parte de la boca y parte de la base de la
vasija bien pegada e instalada en la superficie del pote con arena. Aquí viene el paciente esfuerzo por buscar el calce perfecto del resto de los
fragmentos.
9. Hay
que ensayar muchas veces, aproximando una y otra vez los fragmentos entre sí en busca de
calce. El grosor de éstos y el tipo de
pasta (ennegrecida o rojiza, con tal o cual tipo de antiplástico: v.gr.
con presencia de mica, cuarzo blanco o
biotita, etc.) le sugerirá el "parentesco" o relación existente entre dos fragmentos. Si son
idénticos en este aspecto, la posibilidad de calce crece notoriamente.
10. Por lo general, las paredes de la porción superior de la vasija, cercanos a la
boca o cuello, presentan un grosor
generalmente menor que la parte que se acerca al fondo o sea, a la base de la
vasija. Normalmente, en la base y sus
proximidades, se presenta el grosor máximo de la pared en todo ceramio. La observación atenta de la curvatura de los fragmentos,
también es indicadora de la parte de la
vasija a que corresponde: v.gr. cuello,
panza o base.
11. En la ponchera con arena, se van colocando
los diversos fragmentos una vez unidos.
Luego se busca con paciencia, el calce perfecto entre éstos, aproximándolos desde todos los ángulos. Trabajo que requiere
de dedicación y tiempo y que generalmente termina en el éxito, siempre y
cuando se cuente con un suficiente
número de fragmentos de la pieza respectiva.
12. Disponiendo de parte de la boca, del cuerpo y
de la base, generalmente se logra el calce
parcial de fragmentos cada vez mayores, de modo que va apareciendo poco a poco la forma final de la vasija. Cantidades
superiores a los 50-60 fragmentos,
generalmente nos auguran el éxito en
la faena de la reconstitución de una
vasija pequeña. Cantidades inferiores a los
10-15 fragmentos, nos dejarán casi siempre en gran incertidumbre, pues
gran parte de la vasija quedará sin reconstruir, a no ser que se trate
de fragmentos de gran tamaño.
13. Esta
tarea, dependiendo del tamaño de la vasija o ceramio, puede llevar horas de
laborioso trabajo. Por lo demás, sirve de descanso y distracción a la mente, ocupada en el estudio o en la
investigación. Es lo que nos ha ocurrido a nosotros, entretenidos en esta
tarea por horas y horas, hemos
disfrutado muchísimo al descubrir formas y diseños nuevos, no discernibles al
comienzo del proceso de restauración. La contribución a la ciencia de este tipo
de labor es, por lo demás, indudable.
14.
El proceso termina cuando se identifica los fragmentos, indicando lugar, fecha
y descubridor. Nuestra costumbre es
poner cada objeto así reconstruido dentro de una bolsa plástica con cierre hermético (tipo ziplock),
para evitar la desaparición de la
leyenda escrita. La leyenda debe ir pegada dentro de la bolsa y ésta,
perfectamente cerrada. No debe olvidarse que existen pequeños insectos ápteros
(llamados por nosotros "pececillos
dorados") expertos en devorar el
papel y/o la tinta (Orden Thysanura). Una leyenda dejada
al descubierto, puede así desaparecer
por completo, al cabo de poco tiempo, devorada por estos voraces insectos
primitivos.
BIBLIOGRAFÍA:
Tomado
de ponencia del Dr. Horacio Larrain Barros (2013).
Adaptación
realizada por la DraAntrp. Reina Durán (2015) para Comunidad de Aprendizaje de
Arqueología de la Universidad politécnica Territorial de Mérida “KleverRámirez”
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